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"Una pareja de película"
Artículo de Valentín J. Alejándrez en el suplemento "ABCD las artes y las letras" del diario ABC.
Marzo de 2006

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obra civil y el cine abcd 1 obra civil y el cine abcd 2


La famosa “Llegada del tren a la estación” de los hermanos Lumière, que asustó a los inocentes espectadores hasta el punto de hacerles correr despavoridos, marcó el comienzo de la relación entre la obra civil y el séptimo arte aquel 28 de diciembre de 1895. Los pioneros del cinematógrafo fijaron su mirada en aquello que podía resultar interesante reproducir una y otra vez, y encontraron en las obras civiles un filón inagotable. Rodaron imágenes de trenes, puentes, pequeños puertos desde donde los pescadores abandonaban tierra firme o grandes zonas portuarias en las que se celebraba la botadura de un trasatlántico.

Buscaban espectáculo y movimiento. El movimiento como reflejo del mismo espíritu del cine. De la imagen fija que se capturaba en el celuloide de la fotografía, el cine pasó a la velocidad de 24 imágenes por segundo al movimiento capturado y proyectado después cuantas veces se quisiera. Ese movimiento es también parte fundamental de la esencia de la obra civil. Prácticamente todas las obras civiles implican movimiento, lo facilitan, unen dos extremos separados para permitir el tránsito de hombres, de vehículos, de mercancías, de agua...

El cine maduró como arte, abandonó su vocación documental y comenzó a inventar historias, pero no pudo o no quiso desentenderse de la obra civil. Ya no eran las protagonistas pero servían como localización, como escenario de todo tipo de situaciones: asesinatos, suicidios, enamoramientos, desengaños y secuestros. Otras veces eran utilizadas con fines más intencionados, como metáfora de la unión, del amor, de las dificultades en la vida, de la identidad de un país e incluso de la falta de identidad de más de un personaje.

Una de las primeras películas que se le viene a la mente a cualquiera que piense en cine y obra civil es “El puente sobre el río Kwai” de David Lean. En ella, la obra civil ya forma parte del título, aunque curiosamente no haya muchas imágenes del puente ni de la construcción del mismo. ¿Por qué es entonces tan importante? La respuesta podría estar en ese puente que representa el fondo de la historia, el subtexto que se hace patente a través de distintos mensajes. El puente es el campo de batalla entre dos civilizaciones que tratan de demostrar su superioridad; es la herramienta utilizada para devolver el orgullo a unos prisioneros de guerra; es la obra que trascenderá en el tiempo y pasará a la posteridad como la huella del coronel Nicholson; es la representación de la locura.

En “El tren” de John Frankenheimer, en cambio, la línea ferroviaria no es en sí la portadora de ningún mensaje. Los trenes son unos protagonistas más de la historia y las vías son el escenario continuo de las peripecias de unas obras maestras de la pintura que tratan de ser trasladadas desde la Francia ocupada hasta la Alemania en retirada. La película aprovecha todos los recursos dramáticos y expresivos que el ferrocarril puede ofrecer. En los cuadros recae esta vez gran parte del subtexto, mientras el ferrocarril, presente en casi todos los planos de la película, representa el texto, la forma, el continente.

También la estructura de una película puede conformarla una obra civil. Es a través de una historia de amor, “Breve encuentro” de David Lean, como se demuestra esta relación entre una estación ferroviaria y la estructura cinematográfica. La estación y todos sus elementos: la cafetería, los relojes, el jefe de estación, el silbato, el tren rápido que pasa a gran velocidad sin parada, los andenes, los pasadizos subterráneos que los comunican, los horarios. Todos ellos marcan el tempo . La obra civil, en este caso, funciona como un cronómetro para la estructura de la película.

No olvidemos que la ciudad también ha coqueteado con el séptimo arte. El cine siempre ha lanzado una mirada crítica a la ciudad. Aunque en la mayor parte de los casos lo urbano se constituye únicamente en mero escenario, existe sin embargo, un puñado de películas en las que la ciudad se despliega dentro de la historia y habla de sí misma, mostrando junto con los personajes sus aciertos y fracasos en metáforas perfectas. Si hacemos un breve repaso histórico de la filmografía clásica, aparecen de inmediato películas que encajan como un guante dentro de la ciudad de su época y que conforman un elemento de análisis extremadamente agudo del espacio urbano. Encontramos títulos como “Y el mundo marcha...” de King Vidor donde la grandeza y miseria de los convulsos años 30 de Nueva York se retratan en una fábula moderna. Tras la Segunda Guerra Mundial, aparecen los directores del neorrealismo para mostrar la ciudad de los que perdieron la guerra. Jaques Tati es referencia fundamental para comprender la ciudad genérica que se empieza a perfilar en los años 50-60 como entorno indiferenciado y aséptico. Las desigualdades y marginación que comienzan a hacerse visibles en los 70 son ampliamente comentadas por autores ya clásicos como Coppola en “La ley de la calle” o el que sería el director con una relación más estrecha con la ciudad de su época, Wim Wenders. Este director ha sido el que con mayor precisión y con una fotografía desnuda ha sabido mostrar la derrota de la ciudad de los 80 y 90, este fracaso, al menos parcial, de la ciudad del siglo XX de proporcionar al ser humano un hábitat equilibrado y de contenido simbólico.

Estos son sólo algunos ejemplos de la relación que mantiene el cine con la obra civil y la ciudad en general. A poco que se piense en ello aparecerán muchos más.

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